El tenía los ojos bien abiertos.
Y le brillaban de puritita felicidad.
Creí por un momento que le explotaría el corazón
de la tremenda dicha que había en sus barbas.
No sé que buen momento pasara
aquel tipo.
Sólo vi sus ojos y me inundé de alegría.
La misma que el estaba sintiendo en ese momento.
don Diego Rodriguez de Silva y Velazquez.
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No es que tenga muchas ganas de escribir ni cosas por contar pero veo al
blog un poco cojo y de capa caida. Ya me lo dijo Mariluz, que ahora las
gentes t...
Hace 15 horas

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